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jueves, 15 de diciembre de 2011

La medalla Bewberg - Grupo 5

Aunque Severo estaba convencido de los beneficios que les reportaría la nacionalidad americana, dejó que fuera su mujer la que tomara, más tarde, la decisión de pedir la ciudadanía americana, que les fue concedida en 1956; pero según sus propias palabras él siempre se consideró "un exiliado científico, no político".

Sus experimentos realizados en esta época sobre farmacología y bioquímica, especialmente en el campo de las enzimas, le valieron la Medalla Bewberg de 1951. Investigó el metabolismo de los hidratos de carbono y de los ácidos grasos, y descubrió una nueva enzima que aclaraba el mecanismo de oxidación del ácido pirúvico (ciclo de Krebs); también estudió el papel del complejo vitamínico B en estos ciclos y el proceso de fijación de CO2 por parte de las plantas verdes. Pero sus principales investigaciones se centraron en los fosfatos de alta energía que participaban en las reacciones bioquímicas.

Comienzos científicos- Grupo 5

Comienzos Científicos
Severo Ochoa sintió inclinación por la ciencia desde muy joven y, sobre todo, por la biología y la medicina. El futuro Nobel había nacido en la preciosa localidad asturiana de Luarca en 1905, tierra a la que siempre manifestó un afecto muy especial. Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, donde por poco tiene como maestro a otro Premio Nobel, el insigne Santiago Ramón y Cajal, que ya se había jubilado. Sin embargo, la figura del gran histólogo e investigador del tejido nervioso influyó profundamente en Ochoa. Fue, precisamente, su modelo a la hora de dedicarse en cuerpo y alma al descubrimiento de los secretos de la materia viva.
En sus tiempos de estudiante fue colaborador de otro de los grandes de la medicina española, Juan Negrín, y fruto de esa colaboración y de otras con diversos profesores fue un artículo de investigación que logró publicar en una revista internacional de prestigio cuando todavía era estudiante. En 1929 completó su doctorado y, de nuevo, fueron las lecturas de Cajal las que le impulsaron a seguir la vida de investigador científico. Al poco llegó para Severo Ochoa uno de los momentos más importantes de su vida, como él mismo confesó. Su matrimonio con la gijonesa Carmen Cobián fue, sin duda, algo vital en su carrera y su vida. Si el arte necesita de musas, en la ciencia no se va por detrás en cuestión de inspiración y, precisamente, Carmen trabajó duramente al lado de Severo Ochoa para proporcionarle la estabilidad, el apoyo y el amor con el que, sin duda, el gran bioquímico no hubiera llegado tan lejos. Severo Ochoa siempre recordó a su esposa en todas las ocasiones que podía hacerlo, porque deseaba expresar tanto su profundo amor mutuo como su gratitud infinita hacia ella, y siempre lo hacía de forma conmovedora.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Grupo 5: Biografia de Ochoa

Biografia Completa de Severo Ochoa en este enlace

En esta página explica desde sus comienzos como científico hasta los logros y premios conseguidos por Ochoa.